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Para celebrar el Día Mundial de la Normalización, queremos tener en cuenta la importancia de las Normas en nuestra vida cotidiana.


Es fácil emplear Normas para dar cumplimiento, pero también nos ayudan a garantizar la seguridad, calidad y funcionalidad en prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas. Para celebrar el Día Mundial de la Normalización, queremos tener en cuenta la importancia de las Normas y el impacto que tienen en nuestro día a día.

Los estándares se desarrollaron para asegurar entendimiento y puesta en práctica común, lo que permite que las cosas funcionen de una manera segura y eficiente por si solas o junto con otros componentes o equipos. La British Standards Institute comenzó a desarrollar sus primeras normas formales a principios del siglo XX. La Organización Internacional de Normalización se formó en 1947 para coordinar las relaciones y normas entre los muchos organismos nacionales de normalización.

Durante los últimos 20 años, la complejidad de los procesos y el comercio, y las exigencias de la vida diaria han progresado rápidamente. Como resultado, las normas se han vuelto más complejas y exigentes, y han crecido considerablemente en número a medida que cada vez dependemos de ellas para asegurar que las cosas funcionan y son seguras.

¿Dónde se encuentran las Normas en el día a día?

Hay una crítica común, a veces justificada, sobre algunas normas o la forma en la que se implementan, pero es interesante tener en cuenta cómo sería un día sin normas.

Por ejemplo, por la noche, nos arropamos con un edredón que está diseñado para cumplir con los estándares de rendimiento térmico.

Por la mañana nos levantamos con ayuda del  despertador, que funciona porque hemos instalado una batería que encaja y funciona al haber sido fabricada usando estándares que regulan su tamaño y voltaje.

Cuando hacemos el desayuno calentamos la leche del café con el microondas, con la confianza de que el cable cumplirá el estándar pertinente para alimentar la toma corriente de nuestra cocina.

Preparamos la comida seguros de que el sabor será tan bueno como lo última vez y que es apta para el consumo, ya que ha sido procesada y manipulada bajo estándares de calidad e higiene.

Cuando emprendemos nuestro viaje al trabajo, compramos un billete de metro o incluso empleamos una tarjeta para obtener acceso directo a la red de viajes, todo gracias a las normas.

A lo largo de nuestra jornada laboral nos comunicarnos, accedemos a información y podemos realizar nuestro trabajo porque los sistemas y equipos que utilizamos han sido desarrollados y fabricados para cumplir con los estándares definidos de compatibilidad, rendimiento y calidad.

Las Normas nos garantizan confianza

El control, la evaluación y la certificación no son los objetivos de las normas. Éstas cumplen un papel esencial en dar confianza a los usuarios y compradores de productos y servicios que de hecho cumplen con las normas que les permiten funcionar.

A lo largo de nuestro día, la batería, los electrodomésticos, los alimentos, la ropa y los sistemas que utilizamos han sido evaluados para asegurar que, éstos y sus procesos de fabricación, cumplen con los estándares requeridos, no sólo para garantizar su rendimiento, sino también para medir su impacto sobre el medio ambiente, la seguridad, la aceptabilidad social y otros muchos factores.


Por lo tanto, aunque podemos cuestionar su necesidad, hay que reconocer que sin normas sería más difícil disfrutar de la calidad, la seguridad y la comodidad que tenemos y a veces damos por sentado.

 

ACERCA DE SGS

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