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Aunque la economía circular puede parecer que se limita al ecodiseño y reciclado de los productos para reincorporarlos como materia prima, en realidad, abre una infinidad de nuevos modelos de negocio.

Thamar Paniagua, de SGS

El pasado 4 de marzo de 2020, la Comisión Europea publicó el Informe sobre el Avance del Plan de Acción de Economía Circular definido en 2015, cuyo objetivo es contribuir a acelerar la transición desde un modelo de economía lineal, a uno basado en la economía circular. Las 54 medidas propuestas están, o bien ya implantadas, o en proceso de implantación. Sin embargo, todavía no existe en la sociedad una clara comprensión de lo que engloba el modelo de economía circular.

El tradicional modelo de economía lineal “extraer, producir, tirar” se aproxima a su límite de capacidad física. Desde los años 50 el crecimiento económico se ha basado en una abundancia y bajo coste de los recursos naturales. Las mejoras tecnológicas han permitido incrementar el bienestar de las crecientes poblaciones y su capacidad de consumo, sin embargo, nos acercamos a un punto en el que la dependencia de los recursos no renovables (combustibles fósiles, minerales) y la superación de las capacidades de regeneración de las renovables, están poniendo en peligro los modelos económicos tal y como los conocemos actualmente, por no mencionar el bienestar de las generaciones futuras.

La economía circular, según establece la Fundación Ellen McArthur, se basa en tres principios:

  1. Eliminar residuos y contaminación desde el diseño.
  2. Mantener productos y materiales en uso.
  3. Regenerar los sistemas naturales.        

Las medidas establecidas por la Unión Europea se han enfocado a las distintas fases del ciclo de vida de un producto:

  • Diseño: Más allá de la Directiva sobre Diseño Ecológico (Directiva 2009/125/EC) y el Reglamento sobre el Etiquetado Energético (Reglamento (UE) 2017/1369) se establecen políticas voluntarias como son el Ecoetiquetado Europeo (EU Ecolabel) o los criterios sobre la contratación pública ecológica.

  • Fabricación: Introducción de principios de economía circular en los documentos de Mejores Técnicas Disponibles (MTDs) aplicables a las instalaciones afectadas por la Directiva de Emisiones Industriales (Directiva 2010/75/UE).

  • Uso: La transición a la economía circular requiere de la participación y compromiso de los ciudadanos para cambiar los patrones de consumo. Así, además de la valoración del Ecoetiquetado Europeo como herramienta para identificar productos que en su proceso de fabricación cumplen con criterios ecológicos definidos, también se potencia la Huella de Carbono del Producto (HCP) y la Huella de Carbono Organizacional (HCO) que permiten a las empresas hacer afirmaciones fiables, reproducibles y comparables. La información sobre la durabilidad y reparabilidad de los productos también es un aspecto a valorar a la hora de optar por aquellos más sostenibles.

  • Fin de vida: Mejorar los sistemas de gestión de residuos y crear flujos de recuperación de materiales es fundamental en la implementación de la economía circular. El proceso para aprobación de la nueva normativa de fertilizantes basados en biorresiduos sigue su curso, al igual que el Sistema de Información de Materias Primas (Raw Materials Information System (RMIS)), cuyo objetivo es obtener información y promover la investigación en relación a los flujos de materias secundarias y subproductos.

Aunque en un principio, la economía circular puede parecer que se limita al ecodiseño y reciclado de los productos para reincorporarlos como materia prima, no se limita a eso, sino que abre una infinidad de nuevos modelos de negocio. Un estudio realizado por Accenture identifica 5 modelos de negocio; tres de ellos ya los hemos analizado en las medidas descritas anteriormente, sin embargo, nos quedarían por analizar dos modelos adicionales:

  • Economía compartida o colaborativa: Esta economía tiene ejemplos mundialmente conocidos como Uber, Airbnb o Blablacar, y se refiere a la compartición de bienes y servicios a través de plataformas digitales.

  • Producto como un servicio: Consiste en ofrecer un producto, pero mantener la propiedad sobre el mismo, como los servicios de Xerox/HP o ejemplos más innovadores como el de Riversimple, que no vende coches, sino movilidad por lo que en el servicio de alquiler se incluye el coche, el mantenimiento, el seguro y el combustible.

Las ganancias potenciales de las empresas son muy grandes. En un estudio realizado por ING durante el segundo semestre de 2019 sobre las prácticas de consumo y la economía circular, se concluye que el 83% de los entrevistados cree que su propia capacidad de elección sobre los productos que consume puede tener un impacto positivo en la gestión de los retos medioambientales globales. Así mismo, el 61% de los entrevistados se sentiría menos inclinado a consumir productos de una marca si descubriesen que dicha empresa no ha adoptado prácticas medioambientalmente responsables.

 

Thamar Paniagua Blanco

Manager Environmental Services en SGS