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Las "fake news” han tomado más notoriedad y fuerza con motivo de la pandemia de la Covid-19, donde bulos y falsas noticias de todo tipo han circulado por doquier. El impacto de la desinformación resulta en muchos casos devastador o viral, y la medicina no ha quedado ajena a este fenómeno.

Guillermo Soriano, de SGS

Con motivo de la estrategia seguida por algunos medios de comunicación a raíz de las últimas elecciones presidenciales en los EEUU, se puso de moda un nuevo término. Me estoy refiriendo al anglicismo “fake news”, que ha tomado, si cabe, aún más notoriedad y fuerza con motivo de la pandemia de la Covid-19, donde bulos y falsas noticias de todo tipo han circulado por doquier.

No es mi intención en este blog hablar de política, sino de mi preocupación por las implicaciones que este fenómeno tiene en el ámbito de la salud en general, y en la promoción de la salud en el trabajo en particular, ya que, en este campo, mantener unos adecuados niveles de información veraz sobre temas relevantes resulta a todas luces imprescindible, más aún en los momentos de incertidumbre en los que vivimos, caldo de cultivo perfecto para este tipo de pseudonoticias.

El término “fake news”, ha sido traducido como noticias falsas, pero su traducción literal, sería más bien el de noticia falseada, esto es, que detrás de la misma hay una clara intencionalidad que busca cambiar opiniones sobre una persona, un grupo, un producto o una institución, modificando nuestra decisión sobre las mismas. En definitiva, utilizan la mentira (verdades a medias o mentiras a medias) para manipular a la ciudadanía.

Esta forma de propaganda del periodismo, que algunos ya han etiquetado como la época de la posverdad, no es nueva, pero gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, los medios digitales y sobre todo a las redes sociales, el impacto de la desinformación resulta en muchos casos devastador o viral, y la medicina - un ámbito de enorme repercusión en nuestras vidas tal como hemos podido comprobar con la Covid19 - no ha quedado ajena a este fenómeno.

Una de las primeras estrategias de desinformación en medicina se llevó a cabo a principios del milenio con el tabaquismo. Las leyes antitabaco se habían introducido en muchos países de Europa pese a la intensa oposición de la industria tabaquera. Pronto empezaron a surgir noticias sobre el impacto económico que esta medida tendría sobre el sector de la hostelería, así como otras tácticas de negacionismo sobre los efectos de la exposición pasiva al humo del tabaco para socavar la base científica de las prohibiciones fomentando un clima de duda.

Después, este fenómeno se ha extendido a casi todos los ámbitos de la medicina, como la oncología, la nutrición, la pediatría, etc., generalmente utilizando la construcción de titulares que inician deliberadamente a pinchar en ellos (los llamados ciberanzuelos) y acceder a una determinada página que inicialmente está semioculta, y hoy, los bulos de salud y alimentación representan más de un tercio de las noticias falsas que circulan por las redes sociales.

Así, estudios epidemiológicos que demuestran “cómo podemos mejorar la salud con diversos alimentos”, “curas maravillosas del cáncer”, estudios que señalan que “comer tomates puede reducir el riesgo de cáncer de próstata”, o que “beber leche podría disminuir la esperanza de vida”, o el “efecto cardio protector de los suplementos de Omega 3” (no me refiero a los alimentos ricos en Omega 3) , “dormir del lado izquierdo disminuye el riesgo cardiovascular”; “las 10 razones por las que no deberías pedir café en un avión”, “las bondades de las dietas milagro”, “la verdad de la molécula come-grasa”, “la fruta que comían los aztecas y te harán disfrutar más del sexo”, “ las patatas de McDonald`s podrían curar la calvicie, según un estudio japonés”; “descubren una vacuna contra el cáncer y la mantienen oculta”, “etc.”, serían sólo algunos ejemplos de bulos o mitos que han infectado nuestras redes.

Sin ir más lejos, durante estas semanas de confinamiento han llegado a nuestros oídos cientos de bulos o fakes como las bondades de un salvaslip como medio eficaz para reforzar la eficacia de una mascarilla quirúrgica, las bondades de la nicotina para matar al “bicho”, o las fantásticas propiedades viricidas de la ingesta de la piña, el limón, el ajo, el alcohol o el eucalipto frente al SARS-CoV-2.

Y es que las fakes news triunfan gracias al denominado efecto de la verdad ilusoria, esto es, cuando una mentira es repetida la suficiente cantidad de veces, se convierte en una verdad.

Por ello, tenemos que estar alerta, porque se nos bombardea continuamente con noticias médicas falseadas y el campo de la promoción de la salud es, sin duda, un objetivo diana, caldo de cultivo ideal para ese otro virus, el de las fakes.

Los profesionales sanitarios de la medicina del trabajo tenemos una responsabilidad que no podemos eludir y que es guiar a los trabajadores de las empresas o a sus familias en la fiabilidad científica de la información, ayudándoles a filtrarla, aunque no resulte tarea sencilla. Y por favor, no le pidas una segunda opinión al Doctor Google. 

Dr. Guillermo Soriano Tarín

Especialista en Medicina del Trabajo. Coordinador del área de Medicina del Trabajo & Wellness by Work en SGS