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Pasamos cerca de un 30% de nuestra vida durmiendo, lo que da una idea de la importancia que tiene dormir y, además, hacerlo bien. Pero no se trata sólo de dormir. Conoce qué hábitos puedes modificar y que cambios tecno-saludables puedes incorporar en tu rutina diaria para conseguir un sueño reparador y una mayor calidad de vida.

Clara Gual de SGS

El sueño reparador es uno de los 3 pilares de la buena salud junto con una dieta equilibrada y el ejercicio regular.

De todas las actividades humanas, el sueño es la actividad única a la que más tiempo dedicamos en toda nuestra vida. Pasamos cerca de un 30% de la misma durmiendo, lo que da una idea de la importancia que tiene para nuestra vida dormir y, además, hacerlo bien.

Los seres humanos necesitamos dormir durante toda la vida para recuperar la energía perdida en las actividades diarias y poder mantener la salud, y esto sucederá de forma natural, aunque el individuo no quiera. Sin embargo, no se trata sólo de dormir, es necesario un número suficiente de horas y que el sueño sea de calidad, es decir, que sea reparador y que permita restaurar el organismo.

Se estima que un entre un 25-35% de la población europea presenta alteraciones en los patrones del sueño. Además, desde que se decretó el estado de alarma por el coronavirus y teletrabajamos los especialistas afirman que dormimos peor.

La mala calidad del sueño o dormir un número de horas insuficiente se relaciona con un incremento de errores, afectando directamente a nuestro bienestar. La ciencia nos ha demostrado que no contar con las 7-9 horas de sueño nocturno recomendadas provoca muchas más consecuencias que hacerte sentir aturdido y malhumorado.

El impacto en nuestra salud de una mala calidad de sueño continua puede ser devastador, con un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, obesidad, depresión, enfermedades cardiovasculares, cáncer… afectando a nuestra calidad de vida, motivación y productividad.

Además, los estudios demuestran que la pérdida de sueño y la mala calidad del mismo también están detrás de un número importante de accidentes laborales y lesiones en el trabajo.

Actualmente vivimos siempre conectados y dependientes de las nuevas tecnologías. Podemos considerar la hiperconectividad como una de las grandes pandemias del siglo XXI, ya que es el gran agujero negro por el que se escapa nuestro tiempo y también nuestra salud.

La crisis del coronavirus ha afectado a todos los aspectos de nuestra vida, incluyendo nuestra salud, rutina diaria y nuestros hábitos de sueño. En concreto, con la normalización del teletrabajo, la desconexión digital es un derecho a tener presente más que nunca, así como los riesgos asociados a la hiperconectividad de los trabajadores. Muchas son las consecuencias. El 28,3% de los españoles afirman que las nuevas tecnologías aumentan su nivel de estrés y un 68,2% se siente incapaz de desconectar, incluso fuera del trabajo.

No hay que negar que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida, pero al mismo tiempo demandan una respuesta inmediata y pueden generar adicción y dependencia, produciendo el ya denominado fenómeno de presencialismo digital. La buena noticia es que este hábito nocivo de la hiperconectividad es un hábito adquirido, por lo que puede cambiarse si nos lo proponemos.

Todas aquellas medidas que van encaminadas a conseguir un sueño de calidad que permita el adecuado descanso reciben el nombre de higiene del sueño.

El ambiente que nos rodea determina la duración y estructura del sueño, por lo que conocer los factores ambientales que favorecen su conciliación y el mantenimiento es muy importante para poder dormir mejor, tales como la luz, el ruido, las radiaciones electromagnéticas, el entorno decorativo y la temperatura ambiental.

Ahora que estamos teletrabajando, hechos como mantener horarios regulares de comidas y de sueño, o ser capaces de desconectar de cualquier tipo de pantalla un par de horas antes de irnos a dormir son hábitos que supondrán un antes y un después en nuestro descanso.

Debemos reflexionar sobre cuál es nuestra relación con el sueño, preguntarnos cuántas horas dormimos habitualmente, cuál es la hora habitual de acostarnos y levantarnos, si nos cuesta conciliar el sueño o mantenernos dormidos o qué hacemos normalmente antes de irnos a la cama. Seguro que todas y todos podemos modificar hábitos que ya tenemos interiorizados y que nos ayudarían a descansar mejor, así como incorporar pequeños cambios tecno-saludables en nuestra rutina diaria que nos ayudarán a conseguir mayor calidad de vida.

Si te interesa conocer más sobre el tema, te invito a que veas esta charla que tuve oportunidad de compartir. 

Clara Gual Llorens

Especialista en prevención en el área de Wellness by Work en SGS