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¿Habéis sentido alguna vez que vuestra mente trata de boicotearos?, ¿qué en lugar de daros ánimos para conseguir algo que os habéis propuesto hace justo lo contrario y os anima de rendiros? Convertir nuestra mente en una aliada y gestionar las emociones en nuestro beneficio es posible.

Sandra Mata de SGS

El domingo pasado, mi familia y yo hicimos una ruta de montaña que duró unas 6 horas y terminó haciendo cumbre a 1100m de altura. Para los montañeros esto es un paseo, pero para nosotros que íbamos con una niña pequeña, era la primera vez que hacíamos una ruta tan larga.

El principio del camino fue bastante entretenido, tuvimos que cruzar varias veces el río ya que, al haber llovido los días previos, estaba crecido y teníamos que ir saltando de roca en roca, manteniendo el equilibrio para sortearlo y poder avanzar.

Esta parte del trayecto a mi hija le pareció bastante divertida, pero cuando este tramo terminó, llegaron unos cuantos kilómetros de subida por un camino relativamente sencillo que no suponía ningún reto más allá del cansancio físico. En ese momento, el aburrimiento y el agotamiento hicieron su aparición en forma de mensajes tales como: “estoy cansada…, no puedo más…, me aburro…, no me gusta caminar por aquí…, no es divertido…, cógeme en brazos…” ¡Cógeme en brazos! este último mensaje hizo saltar mi alarma y empecé a pensar en una estrategia para darle la vuelta a la situación.

La mente de mi hija la estaba boicoteando, su lenguaje interno no era el apropiado para llevar a cabo la tarea que se había propuesto y, seguramente, si yo hubiera validado su discurso habríamos desistido de nuestro objetivo. ¿Habéis sentido alguna vez que vuestra mente trata de boicotearos?, ¿qué en lugar de daros ánimos para conseguir algo que os habéis propuesto hace justo lo contrario y os anima de rendiros, a dejarlo estar? Y si esto sucede... ¿qué hacéis? 

Lidiando con nuestras emociones

Vivimos en la era de la inmediatez, la gratificación instantánea, donde realizar esfuerzos para conseguir algo es un hecho cada vez más aislado, lo cual provoca que cada vez tengamos mayor tendencia a acercarnos al placer y a huir del dolor de la adversidad. Por tanto, tenemos menos resiliencia y menor tolerancia a la frustración. Si no somos capaces de lidiar con estas emociones y rehuirlas, no puede haber crecimiento.

Para poder crecer personal y profesionalmente, debemos retarnos constantemente. Si lo hacemos y fallamos, pasamos por diferentes estados emocionales que no siempre son placenteros, pero que les restaremos importancia si:

  • Tenemos la habilidad para manejarlos y gestionarlos en nuestro beneficio.
  • Tenemos la convicción de que, como casi todo en la vida, son pasajeros.
  • Tenemos la convicción de que, en la adversidad, nos hacemos más fuertes.

Por esta razón, algo que trato de practicar es "aprender a estar cómoda en la incomodidad". Esta frase, que a priori parece totalmente contradictoria, tiene mucho trasfondo y vamos a ir viendo ejemplos.  

Tim Ferriss decía: “Tu éxito en la vida se puede medir por el número de conversaciones incómodas que estás dispuesto a mantener”. Esto lo podemos extrapolar también a situaciones, situaciones en las que nuestra mente nos diceya no puedo más” mientras estás en una sesión de entrenamiento exigente, o este problema no lo vas a poder resolvermientras tienes que gestionar un conflicto con tu pareja, amigo/a o compañero/a de trabajo, o “este objetivo no lo vas a poder conseguir”...

Mientras estás en el camino, salen problemas y las cosas se complican, si cada vez que esto nos sucede logramos detectarlo y somos capaces de entrenar a nuestra mente para poner el foco en mensajes positivos que nos ayuden en lugar de que nos limiten, conseguiremos entrenar una habilidad tan útil como convertir a nuestra mente en una aliada para que se focalice en la solución y no en el problema. 

Esto que parece tan lógico no es sencillo de hacer porque nuestra mente está programada para detectar peligros, para preservar nuestra vida, esto viene de nuestro cerebro reptiliano, el más primitivo, pero la ironía de todo esto es que la mayor parte de los peligros que percibimos no son reales, así que cada vez que vencemos a nuestra mente ganamos poder sobre las situaciones que nos ocurren.

¿Cómo entrenamos a nuestra mente?

Esto no llega de un día a otro, al igual que nuestro cuerpo, la mente es como un músculo que hay que entrenar y se puede hacer generando pequeños hábitos, desde pedir algo a alguien cuando te da vergüenza, no sucumbir a la tentación de comer un dulce siempre que te apetece, ir al gimnasio cuando lo que quieres es quedarte sentado en el sofá, practicar el decir a alguien “NO” cuando tu naturaleza es decir a todo que “SI”, liderar una reunión o hacer una formación cuando nos da miedo hablar en público…

Si cada vez que practicas esto, cada vez que sientes la incomodidad a través de emociones como el nerviosismo, la inseguridad, la ansiedad, el miedo… te permites sentirlas, sin reprimirlas ni juzgarlas y las observas, comprobarás que ellas solas se transforman y desaparecen. Haciendo esto consigues vencer barreras, creencias y limitaciones internas y aumentar tu autoconfianza, te hace crecer porque amplías tus recursos y superas tus miedos.

Por supuesto, con mi hija aprovechamos la situación para practicar esto siguiendo el siguiente proceso:

  • Le hice consciente de sus mensajes internos: ¿qué mensajes te estás lanzando?
  • Le hice consciente de sus emociones para que viera lo que provocaban esos mensajes en ella: ¿cómo te sientes ahora mientras te das estos mensajes? ¿te gusta sentirte así?
  • Le proyecté hacia la meta, tratando de que se visualizase en la cima y pensando en cómo se sentiría cuando lo hubiera conseguido, le hice cambiar el foco: ¿cómo te gustaría sentirse?
  • Le hice pensar en una estrategia para cambiar su emoción y llevarla a un estado más apropiado para la tarea que iba a realizar: ¿qué puedes hacer ahora para conseguir sentirte cómo realmente te gustaría? Y pensamos en acciones y estrategias que le ayudaran a conseguir el estado emocional adecuado para conseguir su meta. Pensamos en qué cosas hacer mientras caminada para distraer a su mente y focalizarla en cosas más positivas. Parábamos a ver las vistas y observar todo el camino ya recorrido, recogíamos minerales, buscábamos huellas de animales…

Las cosas que realmente valen la pena cuestan un esfuerzo y nunca son sencillas, pero son las que mayores satisfacciones nos dan luego.

Inteligencia emocional en la empresa

Y… ¿qué tiene esto que ver con los recursos humanos? Aunque no lo parezca a primera vista, está estrechamente relacionado con el liderazgo porque no podemos hablar de liderar a otros si no somos capaces de liderar sobre nosotros mismos.

El propio autoconocimiento, el autocontrol y la gestión de nuestras emociones es lo que nos da la capacidad de liderar y desarrollar a otras personas.

Solo un/a manager que es capaz de llevar a sus equipos al máximo de su potencial, a salir de su zona de confort, a retarse constantemente, aprendiendo y practicando cosas nuevas cada día, conseguirá equipos cada vez con mayor autonomía e independencia y desarrollará a su vez talento para su compañía.

Solo así podrá dedicarse a lo que realmente aporta valor: definir estrategias, pensar, gestionar cuentas clave, innovar, mejorar procesos… tareas todas ellas que sí inciden directamente en los resultados y no tareas administrativas, operativas, repetitivas y de poco impacto.

Os recomiendo la lectura del libro “El directivo emocionalmente inteligente” de Peter Salovey y David R. Caruso, que explica un modelo de habilidad de inteligencia emocional muy sencillo de aplicar y de gran utilidad, tanto para el autoliderazgo como para el liderazgo de equipos.

Todas la emociones tienen un beneficio y una razón de ser, es sólo que, a veces, no sabemos aplicarlas en las situaciones adecuadas.

Sandra Mata Tormos

Responsable RRHH Zona Sur- Este en SGS