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¿Sabes que son los "cisnes negros"? Descubre por qué hoy en día se hace más necesario que nunca el desarrollo de la innovación y la adaptación ágil al cambio en las empresas.

Manuel Ibáñez, de SGS

En su libro “El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable”, Nassim Taleb habla de acontecimientos singulares, totalmente inesperados y con un enorme impacto sobre la economía, la sociedad y el desarrollo empresarial. Taleb llama a estos acontecimientos “cisnes negros”.

 

Para hacernos una idea, podríamos etiquetar como “cisnes negros” a sucesos como el Brexit, los atentados de las Torres Gemelas o la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull en abril de 2010. La nube de ceniza que generó este volcán se extendió a lo largo de un área de miles de kilómetros cuadrados. La nube volcánica canceló más de 100.000 vuelos y afectó a 1,2 millones de pasajeros. Los daños económicos, en plena crisis, fueron importantes: sólo el turismo español perdió 252 millones de euros y las aerolíneas estiman pérdidas de 1264 millones de euros.

 

¿Qué sucesos son los cisnes negros?

Hace apenas año y medio nadie habría podido prever los efectos del COVID-19. Pocas empresas e instituciones hubieran podido anticipar un cambio que impactara con tanta fuerza en nuestro sector del turismo, en la forma de trabajar y relacionarnos, y en muchos aspectos más que todos estamos viviendo.

 

Y, si bien es cierto que es complicado predecir y prepararse ante este tipo de acontecimientos, dentro de la cultura empresarial, hoy en día, se hace más necesario que nunca el desarrollo de la innovación y la adaptación ágil al cambio.

 

Emprender es, por definición, el mejor ejemplo de adaptación. Desarrollar un producto o servicio en un escenario volátil, lleno de incertidumbre, complejo y ambiguo (también conocido por entornos VUCA, por sus siglas en inglés) es algo que ya no sólo es propio de las startups. Este cambio de modelo hace temblar a cualquier tipo de empresa, sin importar tamaño, facturación o modelo de negocio. Transmitir el miedo sano de que el fracaso es algo que puede ocurrir, incluso en los sectores más seguros y que es a lo que hay que tenerle respeto (e incluso miedo), ayuda a reforzar la innovación como valor clave en una empresa.

 

En el mundo startupero, este miedo se cuantifica a través del indicador Time To Tomb (Tiempo a la Tumba o TTT). Es, literalmente, el tiempo que una empresa podría seguir viviendo con los productos y servicios actuales, sin generar innovación en ellos.

 

Este indicador tiene muchas formas de ser cuantificado, pero lo importante en sí es el concepto. Es un miedo de los que, como norma general, las grandes empresas carecen, y es algo lógico; ya que cuanto más grande es nuestro TTT, menos preocupados estamos de tener que hacer cosas nuevas, de innovar. Y esto puede generar multitud de riesgos.

 

Unido a este indicador, esta el Time To Prototype (Tiempo de prototipado, TTP). Se resume en el tiempo en el que tardamos en convertir nuestra idea en un servicio o producto.

Qué es el Time To Tomb y el Time To Prototype

 

Como imaginamos, existe una relación directa entre el tiempo que le queda a una empresa y el tiempo que tarda en generar innovación. Estos ciclos definen el número de veces que podríamos fracasar en nuestra innovación hasta que tuviéramos que “bajar la persiana”.

 

Si nuestro TTT es alto, y, además, tardamos poco en innovar (TTP bajo), el número de intentos que tenemos para conseguir innovar con éxito nos permite seguir intentándolo, aprendiendo y perfeccionando en el camino.

 

De la misma forma lo hacen las startups, entender que además de competir con otras empresas, competir contra nuestra propia velocidad de innovación es clave para desarrollarnos con éxito en este mundo cada vez más cambiante. Una gran empresa tiene una ventaja significativa frente a una Startup: un Time to Tomb mucho mayor. Aprovecharlo, poniendo el foco en la innovación y un desarrollo ágil, generará resultados extraordinarios.

 

Y aunque ninguna estrategia puede salvarnos de sufrir un “cisne negro”, la innovación siempre es una de las mejores formas de enfrentarlo y generar valor. Fomentar esta cultura nos hará estar preparados para ellos, que, sin duda, seguirán trayéndonos un futuro tan impredecible como desafiante.

 

Manuel Ibáñez Prieto

Delegado de SGS Huelva

 

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