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En un mundo cada vez más inmediato, donde las barreras entre lo privado y lo profesional se difuminan, es importante reflexionar sobre cómo podemos, como managers, ayudar a que nuestros equipos puedan desarrollarse plenamente… también cuando acaba la jornada

No se le escapa a nadie que, en éste nuestro país, y quizá también en nuestra cultura el presencialismo ha sido, y seguirá siendo, una forma de demostrar y demostrarnos nuestro compromiso con nuestro trabajo y con la organización que paga nuestras nóminas.

En muchas ocasiones, ni siquiera son los managers los que persiguen la presencia física, continua y generosa en horas de los trabajadores en la empresa, sino que, cada trabajador autolimita sus posibilidades de flexibilidad por el temor al qué dirán; por quedar bien con los compañeros; por esa especie de presión social que vivimos a modo de defensa frente chismorreos y trepismos corporativos varios.

Resumiendo, obedecemos normas no existentes, e imponemos cargas inadecuadas a nuestros compañeros para protegernos de esos policías de balcón que no sólo otean el horizonte buscando negacionistas coronavíricos sino que también buscan en oficinas y despachos a aquellos colegas que no se implican, que no apoyan a los demás, porque no están una horita mas después del cierre o no abren el correo el domingo en el vermú.

Frente a esta “desprotección”, o quizá para ayudarnos a todos a no caer en la tentación de aprovechar el tiempo de los deberes, del gimnasio, de la cañita o del Netflix dando un repaso a los últimos correos y solicitudes del día, la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales (hablamos de 2018) abrió la puerta en su artículo 88 al “Derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral”, derecho que a su vez se incluyó en el artículo 20 del Estatuto de los Trabajadores

El legislador no se quedó allí y se obligó a ir creando un marco normativo, por lo que un par de años después aparece el Real Decreto 28/2020 de Trabajo a Distancia, que en su artículo 18 desarrolla el Derecho a la desconexión digital.

Es cierto que el marco normativo se queda difuso ya que sólo aporta unas breves pinceladas de cómo las organizaciones deben comportarse ante este nuevo derecho de sus empleados:

- Nos envía, una vez más, a lo acordado en negociación colectiva o a lo pactado entre empresa y representantes de los trabajadores.

- Nos habla de políticas internas

- Y de campañas de sensibilización y acciones formativas que eviten el riesgo de fatiga informática.

También es cierto que hay sentencias en todos los sentidos y que está siendo inspección de trabajo quien recientemente está poniendo más el dedo en la llaga informando a las empresas de que vulnerar el derecho a la desconexión digital de los empleados puede ser considerado infracción grave de la normativa laboral, advirtiendo de sanciones entre 626 y 6.250 euros.

Pero lo verdaderamente importante es darnos cuenta, todos, de que nos enfrentamos a un reto cada vez mas acuciante, mantener entre todos, empresas, empleados y compañeros, un nivel de salud mental que nos permita ser productivos y felices. Y eso significa poder contar con la madurez y la capacidad de saber dedicar a cada una de las facetas de nuestra vida el tiempo y la energía necesaria.

Es ya un hecho que el compromiso de nuestros equipos pasa por ser organizaciones capaces de integrar los aspectos personales de la vida de las personas dentro de nuestras políticas. Durante años se ha pretendido separar la vida personal de la vida profesional, y eso, dentro de un orden, es lo correcto. Es obvio que una empresa no tiene nada que opinar sobre lo que ocurre en el hogar o en el tiempo libre de sus empleados. Pero también es obvio al menos a mí me lo parece que una empresa debe preocuparse por que su gente, los miembros que la componen, sean felices y tengan la oportunidad de desarrollarse en todos los ámbitos de su vida y si desde los equipos directivos les robamos su tiempo les estamos impidiendo su desarrollo.

El derecho a la desconexión es una oportunidad para reflexionar como tratamos a “nuestra gente”, para demostrarles que sus vidas nos importan, que no son meros instrumentos. Estoy seguro de que con el tiempo seremos capaces de recoger infinidad de aportaciones indirectas que acaben capitalizándose para construir grandes equipos: la creatividad que aporta un músico, la responsabilidad de una madre de familia, el esfuerzo de una deportista, el sosiego de un paseante, la templanza de una persona de fe… y esas aportaciones llegarán porque se les permitió dejar a un lado el trabajo por unas horas y dedicarse a la música, la familia, el deporte, la contemplación, la oración… Pudieron apagar el móvil, ¡qué bien! ¿no?

 

Óscar Nevot Vilda

SGS KNOWLEDGE

Dirección de Negocio Certificación I+D+i

AT & Training Manager