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Al echar la mirada atrás, uno siempre encuentra que han pasado muchas cosas en las últimas décadas sobre todo a nivel mundial y que ha tenido sus consecuencias también a nivel local, ya que el medioambiente es algo que compartimos con el resto de la humanidad tanto como que cada uno de nosotros tiene su propio ADN.

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Tengo un claro recuerdo de cuando era niño preguntando a mi madre sobre la contaminación que había en la ciudad donde vivíamos, ya que, dependiendo del día, provocaba una niebla y olor muy característico. Mi madre aseguraba que eso era algo que se elevaría en la atmósfera y desaparecía sin más, porque “el mundo es muy grande y esto no tiene tanta importancia”. No sé si a alguien esto le resulta familiar, pero a finales de la década de los 70 la percepción de los problemas ambientales por parte de nuestros mayores e instituciones era muy distinta a la de ahora.

Como amante de un planeta Tierra sano y de su historia, me gustaría comentar, los que en mi opinión han sido los hechos más relevantes que han contribuido al desarrollo de iniciativas y cambio de mentalidad, tanto de público como de las administraciones, en un recorrido desde los años 70 hasta nuestros días, para ver cómo ha ido evolucionando la problemática medioambiental y la forma de intentar resolverla.

En el origen de la preocupación medioambiental hay un punto de inflexión en el cual quiero detenerme. En 1968 se crea el Club de Roma, una ONG que reunía a científicos y políticos con el objetivo de proporcionar un futuro mejor a largo plazo. Este Club se hizo famoso cuando saltó a la opinión pública a través de un informe (realizado por el MIT, Instituto de Tecnología de Massachussets) sobre “Los Límites del Crecimiento”, donde la tesis principal era que “en un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial (población y producto per cápita) no son sostenibles». Dicho Informe daba una fecha, desde entonces, unos 100 años para alcanzar el máximo crecimiento absoluto de la actividad en la Tierra seguido de un colapso en la producción agrícola e industrial y posteriormente de un decrecimiento brusco de la población humana.

El informe del MIT provocó una división de opiniones, muchos opinaban que era demasiado pesimista, y otros admitieron que de no hacer nada era muy posible llegar a la situación descrita en dicho informe. Hoy estoy convencido que esta división de opiniones no se daría, pero entonces fue todo un golpe sobre la mesa que llamó poderosamente la atención y que se vio reforzado cuando en la Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente Humano de ese mismo año, se determinaba que la Tierra no podría soportar que los países menos desarrollados alcanzaran un grado de desarrollo que hoy presentan los países más industrializados utilizando los mismos métodos que estos últimos, ya que los sistemas naturales estarían al límite de su capacidad de auto regeneración. Al año siguiente, en 1973, sucede la llamada Primera Crisis del Petróleo, que se inició por conflictos bélicos internacionales pero que también tuvo consecuencias en el ámbito medioambiental, sociales, económicas y financieras. Debido a ello los países de Occidente tomaron mayor conciencia sobre la política energética y sobre el control y racionamiento sobre ésta. A modo de ejemplo, los "Tres Grandes" fabricantes de automóviles de Estados Unidos pusieron en marcha la reducción de los tamaños de los automóviles para reducir su consumo.

Posteriormente llegaron más Informes significativos, El Informe Global y el Informe Nuestro Futuro Común (o Informe Bruntland) en los que se examinaban los problemas más acuciantes del medio ambiente y el desarrollo del planeta formulando soluciones realistas para asegurar el progreso humano sin arruinar los recursos de las generaciones venideras.

Un factor a tener en cuenta es la creación de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo que, en 1984, el Gobierno de Noruega mediante un informe detallado, propone a Naciones Unidas. En dicho informe se habla, por primera vez, del término “desarrollo sostenible” para referirse a un tipo de desarrollo “capaz de satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la posibilidad de que las futuras generaciones puedan satisfacer las suyas”.

Por último, en este repaso a la historia de la conciencia medioambiental de nuestro planeta, deberíamos destacar otro informe, de los mismos autores del Informe 72 del MIT, que 20 años después publicaron una revisión con el título “Más allá de los límites: Frente al colapso global, un futuro sostenible” sobre los cambios que se deberían producir en comportamientos individuales y sociales para que pueda existir un futuro sostenible. Lo interesante de este Informe es que muchas propuestas fueron admitidas por los participantes de la “Cumbre de la Tierra” celebrada en Rio de Janeiro en junio de 1992 en la que 175 países intentaron cambiar el rumbo ecológico de nuestro planeta mediante la firma de una serie de compromisos como la Agenda 21, el Tratado de Biodiversidad, el de los Cambios Climáticos, Declaración de Bosques y los 27 Principios de la Declaración de Rio.

Personalmente recomiendo la lectura de estos principios por su amplitud en la escala de lo medioambiental, social y de gobernanza que funde en un mensaje claro, global y esperanzador sobre como deben ser los Elementos para un Medio Ambiente y el Desarrollo adecuado del planeta.

Ahora, demos un salto importante en el tiempo para llegar a la década de 2010, empezando por 2012, donde en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, se gestaron Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En esa misma década, pero en 2015, se produce la firma de uno de los acuerdos más importantes de la historia del medio ambiente.

En el famoso Acuerdo de París, 196 países reconocen la emergencia climática expuesta por los expertos durante años. Se establece un marco global para evitar un cambio climático peligroso manteniendo el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C y prosiguiendo los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. También aspira a reforzar la capacidad de los países para hacer frente a los efectos del cambio climático y a apoyarlos en sus esfuerzos. El Acuerdo de París es el primer acuerdo universal y jurídicamente vinculante sobre el cambio climático.

Casi después de 5 años de su entrada en vigor y según diversos estudios, parece que no va a cumplir con las expectativas iniciales. Se observan problemas en torno a la consistencia en los compromisos del acuerdo y a la ambición en las promesas de algunas de las partes, ya que, de cumplirse, afectaría y provocaría cambios en los sistemas productivos de muchos países.

Después de China y Estados Unidos, la Unión Europea es la región del planeta que más contamina y aquí es donde surge en 2020 un cambio en nuestra posición de liderazgo en relación con la lucha climática. El Pacto Verde Europeo (European Green Deal) plantea las nuevas normas del juego, en donde el Desarrollo Sostenible y la Economía Circular (estrategia que tiene por objetivo reducir tanto la entrada de los materiales vírgenes como la producción de desechos) deben de ser el futuro de los países de la UE para alcanzar la neutralidad climática en 2050. Estas directrices llegan a España por medio de, por ejemplo, la Estrategia de Economía Circular (España 2030) y su Plan de Acción (publicado recientemente) junto con la primera Ley de Cambio Climático. España, al igual que los países de su entorno, plantea objetivos ambiciosos a largo plazo en materia de reducción de emisiones, eficiencia del agua, reducción de residuos y materias primas vírgenes.

Como hemos visto hay infinidad de factores que afectan a la salud de nuestro planeta y por consecuencia a la nuestra. Ya no se habla solo de impactos contaminantes de una empresa sino de Criterios ESG (Environmental Social and Governance), de las consecuencias sociales o para la comunidad que puede acarrear una mala decisión, la ausencia de códigos de buen gobierno en las empresas, la ausencia de políticas de transparencia, y todos aquellos principios y requisitos que todos, más pronto que tarde, espero que lleguemos a asumir como propios para nuestro bien y el de nuestros hijos.

Gracias a millones de personas que llevan décadas trabajando por un mundo mejor, más sostenible, más justo y duradero, al compromiso real de los gobiernos, de las instituciones públicas y privadas, y también a algunos fracasos que nos han hecho aprender. Espero y quiero poder ver en los años venideros que las teorías más catastróficas de los años 70 no han llegado a suceder.

Jesús Bennasar Román

Director División Medio Ambiente y Prevención

Grupo SGS

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