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Puede que haya algo de moda, no lo niego. En el mundo de la gestión empresarial también hay conceptos que brillan con fulgor durante unos años. Pasado el tiempo, miramos atrás, y nos damos cuenta de que no era para tanto. Fue paradigmático el efecto 2000, y el fin del mundo no fue tal.

¿Puede estar ocurriendo lo mismo con la ya manida “transformación digital”? Los medios anuncian los fondos Next Generation como el maná que todo lo va a curar. Los bancos ofrecen a las empresas apoyo para solicitarlos. Hay consultoras -de todos los tamaños- que te animan a ello, que te gestionan los papeles y te hacen el proyecto. ¡Haz una web, compra un CRM, invierte en un software de inteligencia artificial, renueva tu infraestructura tecnológica!

No digo que no. De hecho, digo que sí. Pero me da la sensación de que algunos (¿muchos, incluso?) están comprando un billete para un viaje sin conocer el destino.

Por tanto, ¿qué es la transformación digital?

Red Hat, la compañía americana de software de código libre da esta definición:

"La transformación digital es la integración de la tecnología digital en todas las áreas de una empresa, cambiando fundamentalmente la forma de operar y de dar valor a los clientes. También es un cambio cultural que requiere que las organizaciones continuamente desafíen el status quo, experimentando y acostumbrándose a vivir con el fracaso."

Gartner, la consultora tecnológica, nos da otra opción:

"La transformación digital puede referirse desde la modernización de las tecnologías de la información (por ejemplo, cloud computing), hasta la optimización digital, pasando por la invención de nuevos modelos digitales de negocio. El término se suele usar también en el sector público para hacer referencia a iniciativas modestas, como poner servicios en línea o modernización de tecnologías obsoletas."

Tenemos varios elementos en estas definiciones que nos ayudan a dar respuesta a la pregunta que encabeza este artículo:

  • Con respecto a la tecnología: Se puede seguir siendo una empresa clásica, sí. No es imprescindible que actualices tu hardware, tu software, esas herramientas que funcionan con bits y bytes. Pero lo pasarás mal si no lo haces. Serás más lento que los competidores. Tendrás procesos más caros y menos eficientes. Cometerás más errores. Te costará más que a otros tomar decisiones basadas en datos. Gestionarás el negocio más a ojo. ¿Puedes sobrevivir? Sí, pero con menos probabilidades que el resto.

     

  • Con respecto a la visión del negocio: Si tu empresa es muy pequeña, entonces doy por hecho que tienes una visión integral. Pero si es mediana o grande, terminar con los silos es una gran oportunidad. En esto la tecnología integrada te puede ayudar mucho. En los silos se esconden ineficiencias, pasividades, reinos de taifas. Acabar con ellos te puede ayudar a dar un salto para liberarte del pasado.

     

  • Con respecto a los clientes y al modelo de negocio: Si abrimos el debate sobre qué tecnología y qué modelo de negocio queremos, vamos a llegar, sí o sí, al debate central. ¿Qué valor aportamos al cliente, y cómo organizo todo para dárselo de manera mejor que otros? La transformación digital, con respecto a otras oleadas anteriores de inversión en tecnología, está provocando reflexiones potentes sobre la naturaleza misma del negocio y su posición en el mercado. ¿Te las quieres perder?

     

  • Con respecto a las personas: Reconozcámoslo. Todos decimos que somos muy modernos, flexibles, tolerantes e innovadores… de boquilla. Pero luego las personas somos extremadamente inerciales, y nos cuesta mucho cambiar. Y desde luego, no nos gusta nada que nos cambien. Así que nos encontramos aquí con el principal freno al cambio.

Lo explico primero en negativo: muchos procesos de renovación de la tecnología, el modelo de negocio y la relación con el cliente olvidan a las personas, y cuando se va a implantar se encuentran con una pared vertical. La gente no cree, no quiere, no sabe, y todo se para. 

Puesto en positivo, cuando se pone a las personas en el centro de la reflexión, donde teníamos un freno tendremos un acelerador. Ya no estamos a principios del siglo XX, ni esto es “Tiempos modernos”, de Chaplin. Nuestra gente, si lo planteamos honestamente, estará dispuesta a participar en un debate sincero sobre el futuro de la empresa, y cómo las personas pueden aportar a esa transformación, implicándose, y no poniéndose de perfil. Pero ese proceso debe impulsarse desde arriba con una buena dosis de humildad y de liderazgo innovador. 

Puede que el estilo de liderazgo sea el mayor “stopper” de todos. Y me temo que los fondos Next Generation no traen ese maná.

Guillermo Ríus

Senior Advisor en SGS